y siempre, interfiriendo siempre para que la muerte no se quede sola entre los dedos de los muertos;
¡ porque, qué, qué recuerdo ahora !
sí, sabíamos que padre iba a morir: era su aliento verdad transida, canción de último viaje,
de última mirada en mar y amor, de ilusión última;
… iba, iba a morir, padre iba a morir y moriría, y me han dicho que, entonces,
- que en aquel preciso instante -
mientras lo besaba y lo vestía, ahogándome y cayéndome, había llorado, había llorado;
pero, si es así, dónde, dónde estaba yo;
he de encontrarme en aquella hora, en aquellas horas o días para mis cuentas densas y rotundas…
sí, yo, yo estuve inerme en el espacio aquél, cuando todo su estamento se hizo ruin e inhabitable…;
y sin embargo, éstas, éstas son las huellas: el invierno arrasó la primavera,
cayeron precipitadamente las rosas, y los ríos, desbordados, salieron en busca de los pétalos nómadas,
ajados, zigzagueantes y agónicos al viento;
… y si todo, todo se lo comió el frío glacial e indiferente,
[mi valor, mi ser de cal y piedra, y así mis cielos, ávidos y duros]
todas mis hoces fueron cañas y toda mi fe, vaso vacío,
y asimismo fui desierto sin espada, sin olvido y llanto, y, de igual suerte, eco sin mar y sin refugio;
… dónde, dónde estaba yo, defensor absoluto de causas perdidas y redondas,
dónde estaba para romperme los brazos y alejármelos del alma,
dónde, dónde estaba, corazón, dime, dime, que no pude evitarlo…








