
Al pie del cactus saguaro
duerme un fragmento de sol
la huella digital de un Dios monocromo, y algunas cenizas
las piedras se dejan acariciar por el viento... las espinas
y otros mil equinoccios.
Hace siglos hubo aquí una plegaria,
un hombre y una mujer se amaron
con un amor lúdico, desde la tierra hasta las brasas.
Sus cuerpos giraban concéntricos
sin frío, quietos y absortos, en un raro silencio.
El universo se abrió para ellos una noche
lo fecundaron con sus voces juntas,
en un eco que traspasa el tiempo pero no el espacio
todas esas voces vuelven a veces---separadas.
La duna atenta con ojos abiertos,
la luna, como un abismo.
El amor estuvo aquí, sí...
donde ahora
sólo un Dios prehispánico no olvida
regalarles un poco de lluvia...y una oración.
28marzo2014
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