Nos descubrimos todo, como fieras...
Nos olimos el alma, nos mordimos la carne.
Y entre los labios llenos de cariño
nos dejamos palabras amorosas.
La madrugada estaba en la ventana
mirando sospechosa nuestro idilio,
como niña celosa pero alegre.
Así nos cayo el alba, venturosa.
Y tu dormías quieta y satisfecha,
como una esplendorosa rosa blanca,
acariciada por la voz del tiempo.
Y yo tan complacido te observaba
con la mirada puesta en el delirio
que todavía en los cuerpos se posaba.
Las sábanas callaban, extasiadas,
y el arrullo del cielo nos cubría.
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Llorarás
No preguntes por mi, cuando la tarde huya de tus ojos,
cuando tu cuerpo extrañe la tibieza del mío...
No pienses en mis besos, al sentir la nostalgia del recuerdo
queriendo la tibieza de mis labios, y el cariño secreto
del alma que gimiendo busca unirse. No me extrañes
no menciones mi nombre, y te irá bien, dormirás más segura,
pues la pena jamás calará tanto, y relajado el cuerpo, callará.
No vayas por aquella senda verde, donde vimos jardines y reímos,
acoplados al ruido de los pájaros, y al frescor resonante de las sombras.
Ni busques observar el caserío, ni contar los colores de los muros,
porque en todo ese ajetreo, te aseguro, me sentirás y entonces
querrás verme, y al no poder tenerme... llorarás.
Germán g













