El perdido
Publicado: Sab Dic 28, 2013 06:13
El perdido
Amé
Amé la sensibilidad de los párpados solares, la lluvia ojerosa
desfilando por los ombligos del polvo;
la cavidad estrecha de los ojos de flecha
que clavan sus minúsculas olas de vapor.
Amé la frágil pluma del beso perfumado,
la caricia tendida entre la hierba seca,
y el coro enternecido por el pico sensible de las blancas palomas.
Amé la voz sangrienta, que nace silenciosa de un crucificó estático.
Amé tantos colores que ante infancias cortadas, pintaron de lágrimas mi pequeño reloj.
Y prosigo aventando besos,
y alargo mis palabras por el pausado río,
donde sepulto peces con la cara del alma.
---:---
Las ciudades
Ojo puesto en la imagen.
Circulaciones metálicas frente a los troncos vivos.
Ni un susurro de amor va por la sombra.
Y todos se amontonan con el nervio encrespado,
con el ojo pensando en la avaricia,
y con el vientre lleno de monedas.
Las ciudades caminan al olvido,
y los esqueletos lloran cada hora.
Babilonia sepulta los quejidos de los jardines sangrantes,
es de lejos la voz de los Asirios...
Pocos tuercen la historia, y la raíz cuadrada sobrevive.
Yo solo marco el viento, no las hojas demacradas por la sombra.
---:---
El perdido
Fuego extinto por el ágil respiro del perdido,
entre el sueño errante que atraviesa la luna vaporosa
con sus ojos colgantes por el suelo,
nace una aguada línea de tristeza.
-Recibe luz insípida y nocturna; la huella de los pájaros errantes
para qué describas sus cantos putrefactos.
Ve extirpando los ojos de la noche para
ensamblar hileras de cadáveres que se
van recostando en tu mirada.
Allí podrás mirar los gestos rústicos y las voces roncas por el hielo que baja
de la muerte.
Peo no te perturbes por los escombros llorosos
que a tu paso van dejando los buitres terroríficos.
Si temes al terror de los troncos desgajados, no te asomes a la senda del mal,
mejor avista el grito de las rosas,
para qué puedas divisar el mar...
De lejos no hay tranvías esperando, ni montículos espesos desordenando el tiempo.
Ve silencioso por tu valle de rocas, hasta que toques la ilusión de las manos
y veas cabellos olorosos flotando y, labios de mujer sobre tu pecho.
Germán g
Amé
Amé la sensibilidad de los párpados solares, la lluvia ojerosa
desfilando por los ombligos del polvo;
la cavidad estrecha de los ojos de flecha
que clavan sus minúsculas olas de vapor.
Amé la frágil pluma del beso perfumado,
la caricia tendida entre la hierba seca,
y el coro enternecido por el pico sensible de las blancas palomas.
Amé la voz sangrienta, que nace silenciosa de un crucificó estático.
Amé tantos colores que ante infancias cortadas, pintaron de lágrimas mi pequeño reloj.
Y prosigo aventando besos,
y alargo mis palabras por el pausado río,
donde sepulto peces con la cara del alma.
---:---
Las ciudades
Ojo puesto en la imagen.
Circulaciones metálicas frente a los troncos vivos.
Ni un susurro de amor va por la sombra.
Y todos se amontonan con el nervio encrespado,
con el ojo pensando en la avaricia,
y con el vientre lleno de monedas.
Las ciudades caminan al olvido,
y los esqueletos lloran cada hora.
Babilonia sepulta los quejidos de los jardines sangrantes,
es de lejos la voz de los Asirios...
Pocos tuercen la historia, y la raíz cuadrada sobrevive.
Yo solo marco el viento, no las hojas demacradas por la sombra.
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El perdido
Fuego extinto por el ágil respiro del perdido,
entre el sueño errante que atraviesa la luna vaporosa
con sus ojos colgantes por el suelo,
nace una aguada línea de tristeza.
-Recibe luz insípida y nocturna; la huella de los pájaros errantes
para qué describas sus cantos putrefactos.
Ve extirpando los ojos de la noche para
ensamblar hileras de cadáveres que se
van recostando en tu mirada.
Allí podrás mirar los gestos rústicos y las voces roncas por el hielo que baja
de la muerte.
Peo no te perturbes por los escombros llorosos
que a tu paso van dejando los buitres terroríficos.
Si temes al terror de los troncos desgajados, no te asomes a la senda del mal,
mejor avista el grito de las rosas,
para qué puedas divisar el mar...
De lejos no hay tranvías esperando, ni montículos espesos desordenando el tiempo.
Ve silencioso por tu valle de rocas, hasta que toques la ilusión de las manos
y veas cabellos olorosos flotando y, labios de mujer sobre tu pecho.
Germán g



