Sombras grises
Publicado: Mar Dic 10, 2013 14:53
Sombras grises
Abro mi mente a los racimos helados de la vida,
y un soplo congelante ilumina la tierra.
Muy lejos de mi casa voy trotando
por espejismos dueños de los días.
Yo ruedo a veces por veredas frías,
intentando llegar a los secretos
que aguardan el sonido de mis pasos.
Hay un tono romántico y mortal,
desglosando el latido de los cielos
que no cesan de enviar lágrimas tristes
al congelado ras de mí pesar.
--- ---
Estaba
en lejanía
tu voz echa mentira,
tu cuerpo
entre la nada
y tu mirada fría...
Yo sujeté
el recuerdo
hasta sentir
los años
volverse cadavéricos...
Hoy nada
de lo tuyo se pasea
entre mis ojos,
ni tan solo siquiera
de las letras
tu nombre.
Te fuiste
diluyendo, poco a poco,
como las grises
sombras
de un invierno
triste.
--- ---
Háblame, -dije; y nada respondió.
La noche estaba negra, y triste estaba yo.
Hube visto esa noche las penumbras moverse,
y un miedo terrible tomó mi corazón.
La vi moverse igual que un pequeño temblor.
Y vi entre el viento leve agitar sus cabellos,
y recordé los pálidos destellos de sus ojos de amor.
Y la sentí tan cerca, y la sentí tan viva
que pronuncié su nombre, pero no contestó...
Entonces dije basta, esta locura es mía,
ella esta sepultada, ella no vive más...
Y la noche carbónica se volvió más oscura,
y de sus cavidades, una voz me llamó...
Germán g
Abro mi mente a los racimos helados de la vida,
y un soplo congelante ilumina la tierra.
Muy lejos de mi casa voy trotando
por espejismos dueños de los días.
Yo ruedo a veces por veredas frías,
intentando llegar a los secretos
que aguardan el sonido de mis pasos.
Hay un tono romántico y mortal,
desglosando el latido de los cielos
que no cesan de enviar lágrimas tristes
al congelado ras de mí pesar.
--- ---
Estaba
en lejanía
tu voz echa mentira,
tu cuerpo
entre la nada
y tu mirada fría...
Yo sujeté
el recuerdo
hasta sentir
los años
volverse cadavéricos...
Hoy nada
de lo tuyo se pasea
entre mis ojos,
ni tan solo siquiera
de las letras
tu nombre.
Te fuiste
diluyendo, poco a poco,
como las grises
sombras
de un invierno
triste.
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Háblame, -dije; y nada respondió.
La noche estaba negra, y triste estaba yo.
Hube visto esa noche las penumbras moverse,
y un miedo terrible tomó mi corazón.
La vi moverse igual que un pequeño temblor.
Y vi entre el viento leve agitar sus cabellos,
y recordé los pálidos destellos de sus ojos de amor.
Y la sentí tan cerca, y la sentí tan viva
que pronuncié su nombre, pero no contestó...
Entonces dije basta, esta locura es mía,
ella esta sepultada, ella no vive más...
Y la noche carbónica se volvió más oscura,
y de sus cavidades, una voz me llamó...
Germán g


