La musa más sublime y peligrosa.
Publicado: Lun Nov 23, 2009 05:03
La soledad nos despedaza lentamente,
en silencio, orillando corazones
hacia los labios de su abismo;
nos muerde, con las incisivas sombras
de sus largas noches intranquilas,
algún recuerdo que transmuta en verso.
¿Qué es lo que creamos primero?
¿El futuro o la esperanza? Da igual
ya nada consuela el eterno llanto.
¿Y el corazón? ¿Y el alma?
¿Acaso somos una sombra?
El tiempo eterniza sin mirar atrás
con sus pies desollando el presente:
Somos la sombra de su sombra,
la soledad sombra de nuestro pasado…
En la desnuda habitación del mundo
la soledad retoña, se crece,
como una mano de la muerte,
entonces algo en nosotros perece y vibra
como una negra flama que suspira
a través de un mar de sombras:
almas sin rostros, olas que nos conducen
hacia el vertedero de la inmensidad…
La inmensidad no es más
que una caricia de la soledad;
que nos enfría y languidece,
que nos lleva tan lejos como puede
hasta las entrañas del abandono
amordazados con nuestras venas ;
con sus brazos de madreselva envenenada
enfría la piel, la sangre y el corazón,
pero nos hace hervir la voz
e insultamos al amor;
con su lengua de Diosa sabia
nos deja sin más que decir
y nos hundimos en su cuerpo
al soltarnos de los deseos...
Como un recuerdo que se va para no volver
en la soledad la conciencia se va cercenando,
hasta volverse una nada de melancolías.
Soledad increíble, tan inmensa… ¡tan inútil!
También la soledad son poesías…
sólo sombras en el andar del tiempo.
Los arroyos de la piel se van durmiendo
buscando olvidar tanta soledad.
Cuando la Vida haya sido olvidada
cuándo ¡tú!, única musa en el poema de mi vida,
te encuentres en las llanuras del olvido
aun en solitario hemos de orar por ti
y digo “hemos de orar”
pues en los nichos de la soledad
el eco nos escucha y habla.
Las luciérnagas han encendido el cielo
el sol nunca más despedazará un sueño.
¡Morir en lunas antes que vivir en soles!
¡Dormir la vida y no infectar sus colores!
¿Qué más se puede pedir en la soledad?
La soledad es tiniebla milagrosa,
la musa más sublime y peligrosa
cuya mirada resucita sucesos,
es la galera* que se ancla en los huesos,
es una espina que esculpe apatía
en la piel de una mirada abstraída.
La soledad llega en el humo de las penas
que asfixia el brillo de las alboradas
para llevarnos lejos a ninguna parte
hasta dejarnos un vacío en medio de todo…
y me siento en el vacío en medio de todo,
y me siento, en el vacío, en medio de todo
develando sombras, aguardando
-sin delicias- la soledad etérea.
Iván Ortega
*Galera: Era un barco impulsado por remos, los remeros eran esclavos o prisioneros. La condena a las galeras era uno de los más crueles castigos que un hombre podía sufrir: remar hasta morir.
en silencio, orillando corazones
hacia los labios de su abismo;
nos muerde, con las incisivas sombras
de sus largas noches intranquilas,
algún recuerdo que transmuta en verso.
¿Qué es lo que creamos primero?
¿El futuro o la esperanza? Da igual
ya nada consuela el eterno llanto.
¿Y el corazón? ¿Y el alma?
¿Acaso somos una sombra?
El tiempo eterniza sin mirar atrás
con sus pies desollando el presente:
Somos la sombra de su sombra,
la soledad sombra de nuestro pasado…
En la desnuda habitación del mundo
la soledad retoña, se crece,
como una mano de la muerte,
entonces algo en nosotros perece y vibra
como una negra flama que suspira
a través de un mar de sombras:
almas sin rostros, olas que nos conducen
hacia el vertedero de la inmensidad…
La inmensidad no es más
que una caricia de la soledad;
que nos enfría y languidece,
que nos lleva tan lejos como puede
hasta las entrañas del abandono
amordazados con nuestras venas ;
con sus brazos de madreselva envenenada
enfría la piel, la sangre y el corazón,
pero nos hace hervir la voz
e insultamos al amor;
con su lengua de Diosa sabia
nos deja sin más que decir
y nos hundimos en su cuerpo
al soltarnos de los deseos...
Como un recuerdo que se va para no volver
en la soledad la conciencia se va cercenando,
hasta volverse una nada de melancolías.
Soledad increíble, tan inmensa… ¡tan inútil!
También la soledad son poesías…
sólo sombras en el andar del tiempo.
Los arroyos de la piel se van durmiendo
buscando olvidar tanta soledad.
Cuando la Vida haya sido olvidada
cuándo ¡tú!, única musa en el poema de mi vida,
te encuentres en las llanuras del olvido
aun en solitario hemos de orar por ti
y digo “hemos de orar”
pues en los nichos de la soledad
el eco nos escucha y habla.
Las luciérnagas han encendido el cielo
el sol nunca más despedazará un sueño.
¡Morir en lunas antes que vivir en soles!
¡Dormir la vida y no infectar sus colores!
¿Qué más se puede pedir en la soledad?
La soledad es tiniebla milagrosa,
la musa más sublime y peligrosa
cuya mirada resucita sucesos,
es la galera* que se ancla en los huesos,
es una espina que esculpe apatía
en la piel de una mirada abstraída.
La soledad llega en el humo de las penas
que asfixia el brillo de las alboradas
para llevarnos lejos a ninguna parte
hasta dejarnos un vacío en medio de todo…
y me siento en el vacío en medio de todo,
y me siento, en el vacío, en medio de todo
develando sombras, aguardando
-sin delicias- la soledad etérea.
Iván Ortega
*Galera: Era un barco impulsado por remos, los remeros eran esclavos o prisioneros. La condena a las galeras era uno de los más crueles castigos que un hombre podía sufrir: remar hasta morir.


