OCASO.
Publicado: Jue Mar 26, 2009 20:27
OCASO.
Desde mi ventana vislumbro el plácido horizonte,
los rayos de sol atenuados sobre aromático jardín.
Brisas de bosques respiro de clorofílicos pulmones,
refrescan incesantes mi rostro, en caricias sin fin.
Vuelan gaviotas suavemente suspendidas,
Sobre teñidas aguas del imponente océano.
Celajes que engalanan de rojo el cielo lejano,
Y las carmesí nubes por el ocaso heridas.
Atardecer de idílicos murmullos en rojizos fulgores,
Celestial overtura de plateada luna y séquito de estrellas.
Impregna el ambiente sutil aroma de nocturnas flores,
Cuál volátil fragancia en atuendos de amadas doncellas.
Claridad en estampida buscando apetecido reposo,
rayos dorados en trueque de azabache plateado,
melancólicos sinsontes que al viento envían con gozo,
mensajes al nido por tan larga jornada abandonado.
Yacen montes y bosques cuál marrones fantasmas.
Han abierto sus entrañas a nocturnales criaturas,
ojos reflejados cuáles chispas de incipientes flamas,
recorren las praderas en oscuras aventuras.
Y pasa cada Ocaso hurtado por la Noche,
cortejo y preámbulo de breve despedida.
La plata enrojecida del celaje su derroche,
grandeza del Señor que gobierna la vida.
Es el Ocaso el epílogo de un soleado día,
afanes guardados de un mañana mejor.
Hombre y naturaleza en armoniosa sinfonía,
Por un día mas de vida dan gracias Al Creador.
Autor: Víctor A. Arana,
(VÍCTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Febrero 8 2009.
Desde mi ventana vislumbro el plácido horizonte,
los rayos de sol atenuados sobre aromático jardín.
Brisas de bosques respiro de clorofílicos pulmones,
refrescan incesantes mi rostro, en caricias sin fin.
Vuelan gaviotas suavemente suspendidas,
Sobre teñidas aguas del imponente océano.
Celajes que engalanan de rojo el cielo lejano,
Y las carmesí nubes por el ocaso heridas.
Atardecer de idílicos murmullos en rojizos fulgores,
Celestial overtura de plateada luna y séquito de estrellas.
Impregna el ambiente sutil aroma de nocturnas flores,
Cuál volátil fragancia en atuendos de amadas doncellas.
Claridad en estampida buscando apetecido reposo,
rayos dorados en trueque de azabache plateado,
melancólicos sinsontes que al viento envían con gozo,
mensajes al nido por tan larga jornada abandonado.
Yacen montes y bosques cuál marrones fantasmas.
Han abierto sus entrañas a nocturnales criaturas,
ojos reflejados cuáles chispas de incipientes flamas,
recorren las praderas en oscuras aventuras.
Y pasa cada Ocaso hurtado por la Noche,
cortejo y preámbulo de breve despedida.
La plata enrojecida del celaje su derroche,
grandeza del Señor que gobierna la vida.
Es el Ocaso el epílogo de un soleado día,
afanes guardados de un mañana mejor.
Hombre y naturaleza en armoniosa sinfonía,
Por un día mas de vida dan gracias Al Creador.
Autor: Víctor A. Arana,
(VÍCTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Febrero 8 2009.
