cuando den las seis de la mañana,
serás el labio mordido
de tu madre,
el trino de los pájaros
libres,
tus deseos
viajando fuera del pensamiento,
tus sueños
haciéndose realidad
a tus aires,
soñadora.
Te vas a despejar,
cabellos al viento y la mochila pesada.
Serás el horizonte violáceo
acercando sus sombras
al brillo de tus ojos,
la muchacha
que todo lo ha dejado por amor
porque eres tú
una soñadora.
Y emprenderás tu vuelo
alto en los cielos,
surcos de libertad.
Jugarás de día con el sol
y harás silencios con la luna
cuando te pierdas en otra mirada
que te enamore,
que te encante los sentidos
y te engañe el sentimiento.
Todo lo habrás dejado
por vivir tu sueño,
soñadora.
Para bien o para mal,
tus libertades han de vitorear
todos los soñadores del mundo
que has tenido el coraje
necesario
para emprender el vuelo,
ese viaje de un boleto y medio
que no venden en las agencias,
esos fuegos sagrados de tu espíritu.
Eres la libertad en persona,
el pensamiento hecho materia,
tu palabra un documento,
soñadora.
No te rindas
si te encarcelan el alma ahora
que siempre has sido libre,
el tiempo de la vida es sabio,
no es agujas de un reloj
aplastado a un rincón de tu alcoba,
es el momento del verso,
la eternidad,
la aventura,
la llama a la esperanza,
tu fe
que aunque quieta
moverá montañas.
No te rindas,
ni en la noche más oscura,
que has nacido soñadora.
No te rindas,
eres un pájaro fuerte y libre,
el versar tuyo
posee facultades casi divinas,
no me falles,
no te rindas
nunca
soñadora.
Ahora
levanta la frente,
mira aquel horizonte violeta
que habías mirado
cuando emprendiste el viaje
partiendo a las seis de la mañana,
soñadora.
Tú puedes con todo
y nada puede contigo,
ten el tesón de acero
de los bucaneros.
Serás la alborada, el mañana.
Camina plácidamente
entre la gente
pensando lo que habrá de ocurrir,
quitando miedos,
siendo bella y capaz
de permitirte soñar
una vez más,
aunque muerda el frío de tu alma.
No te rindas,
no me falles,
soñadora.













