Para que nada se pierda guardaré en cualquier cajón
entre anticuados vestidos con olor a naftalina
un verso recién compuesto de un poema del montón
y alguna puesta de sol vista desde la colina.
Cerraré muy bien con llave la puerta de la cocina
y apagaré aquella luz que desde el porche ilumina,
el sendero por el cual tantas veces caminábamos
levemente entrelazadas nuestras manos entre álamos.
Y cuando la poesía inunde el cielo de versos
y el idioma del amor sea materia obligada
tal vez deposite un beso sobre tu rostro, tan terso
mientras tú desafiante, me devuelves la mirada
escondiendo el pensamiento tras un rictus de tristeza
expresando, sin decirlo, como estás de disgustada
sabiendo que en este mundo la vida apenas empieza
y que después de vivirla, al otro lado no hay nada.
Para que nada se pierda, puede que cuelgue un cartel
en el sitio más visible de la plaza del mercado
aquel en el que se vende al detalle y a granel
cualquier producto vendible, aunque haya caducado.
entre anticuados vestidos con olor a naftalina
un verso recién compuesto de un poema del montón
y alguna puesta de sol vista desde la colina.
Cerraré muy bien con llave la puerta de la cocina
y apagaré aquella luz que desde el porche ilumina,
el sendero por el cual tantas veces caminábamos
levemente entrelazadas nuestras manos entre álamos.
Y cuando la poesía inunde el cielo de versos
y el idioma del amor sea materia obligada
tal vez deposite un beso sobre tu rostro, tan terso
mientras tú desafiante, me devuelves la mirada
escondiendo el pensamiento tras un rictus de tristeza
expresando, sin decirlo, como estás de disgustada
sabiendo que en este mundo la vida apenas empieza
y que después de vivirla, al otro lado no hay nada.
Para que nada se pierda, puede que cuelgue un cartel
en el sitio más visible de la plaza del mercado
aquel en el que se vende al detalle y a granel
cualquier producto vendible, aunque haya caducado.


